Ara Pacis de Augusto
Fuente:
http://www.artecreha.com/Miradas_CREHA/ara-pacis-de-augusto.html


Campo de Marte. Roma. S. I

La escultura romana se mueve entre la admiración por el legado clásico del arte griego y el interés por hacer de la escultura un elemento de representación realista y que pueda tener un aprovechamiento práctico. Por ello, la escultura romana se dedica en buena medida por una parte a copiar muchas de las obras más conocidas del arte griego y también a imitarlas, y por otro lado a desarrollar una expresión singular de su plástica escultórica que pueda servir para conmemorar la aportación de su civilización a la Historia: el retrato y el relieve.
Tanto uno como otro tienen como fundamento el realismo heredado de la escultura funeraria etrusca, cuya tradición se prolonga largo tiempo en el arte romano, y es además un buen ejemplo del talante artístico de este pueblo, pues no deja de ser una forma de darle un valor práctico a la expresión plástica. El retrato inmortalizará la imagen de muchos de los magistrados y patricios de época republicana y por supuesto de los emperadores en época imperial, sin olvidar otros personajes no menos influyentes como emperatrices, lugartenientes, herederos, amantes y también personajes anónimos que igualmente han llegado hasta nosotros. El relieve por su parte, graba en la piedra para siempre hechos de armas, conquistas y campañas que fueron ampliando las fronteras del Imperio.
En ambos géneros alcanzaron los artistas romanos un nivel de calidad técnica difícilmente igualable, hasta el punto de que la excelencia del relieve romano se añoraba todavía en muchos relieves medievales. En el caso del retrato destaca la perfección de los rasgos y de la fisonomía de los personajes, y algo más difícil de conseguir, su profundidad psicológica. En este sentido la tradición de las imagines maiorum o mascarillas con las que se obtenía la imagen precisa del difunto del que iba a realizarse su retrato funerario ya desde época etrusca, contribuyó mucho a perfeccionar las técnicas realistas del retrato romano.
El relieve, sorprende por su detallismo y precisión en el modelado; su ritmo compositivo, producto de una enorme variedad de soluciones plásticas en posturas, disposiciones, composiciones, etc, en la obra; y su capacidad perspectiva mediante la técnica que hará famoso a Donatello en el Renacimiento, el schiacciato: una técnica que a través del diferente volumen con el que sobresale el bulto de cada parte del relieve, propicia la ilusión óptica de diferenciar varios planos de profundidad o de perspectiva. Con todo ello se alcanza además un nivel técnico en la expresión narrativa caracterizado por su amenidad, pero también por su claridad y precisión.
El comentario que nos ocupa se refiere al campo del relieve escultórico, realizado sobre un edificio singular, un altar que se levanta en Roma para conmemorar las campañas de Augusto que habían logrado establecer, después de tanto tiempo, una paz en el entorno romano, La Paxaugusta.
En efecto, al regreso de Augusto de sus campañas en Hispania, contra los vascones, y enla Galia, el Senado decidió consagrar en el Campo de Marte el Ara de la Paz, donde sacerdotes, magistrados y vírgenes vestales debían realizar un sacrificio anual. Su localización coincidía con el posterior Mausoleo de Augusto y con el famoso Horologium Augusti o reloj de sol que utilizaba como aguja un obelisco.
Se trataba por tanto de un altar a modo de pequeño templo, de forma rectangular, con el ara en el centro sobre un pedestal escalonado y un recinto murado rodeándolo con dos entradas, originalmente al Este y al Oeste (en la reconstrucción de 1938 en el norte y sur): El principal, con escalinata para los oficiantes, y el posterior para las víctimas.
Las esculturas que lo decoran se concentran principalmente en el muro exterior y también en el ara de los sacrificios. En realidad podrían distinguirse cuatro grupos escultóricos: los dos frisos externos con el desfile procesional; los cuatro relieves alegóricos que flanqueaban las dos puertas; el zócalo corrido externo, con roleos y acantos; y el friso interno, con bucráneos y guirnaldas. En la parte inferior se representan formas vegetales y frutales: guirnaldas con espigas de trigo, manzanas, peras, granadas, higos, bayas, nueces, uvas, frutos silvestres, etc. También roleos (motivos vegetales enrollados) clásicos, con sus caulículos (o tallos), florones, tallos, palmetas, hojas y flores, sin que faltaran los bucráneos (cráneos de buey), importantes en este contexto pues el sacrificio dedicado a la Pax en este Ara eran dos bueyes. Aparecen también cisnes alusivos al dios Apolo, así como las figuras de Eneas y Rómuloflanqueando las puertas, en alusión a la renovación de Roma conseguida por Augusto. Todo en una cierta maraña compositiva que nos hace pensar en el horror vacuii.
Los frisos superiores representan, al modo de las procesiones de las Panatheneas, a Augusto encabezando un cortejo donde le acompañan su familia al completo, mecenas, amigos, colaboradores, los miembros del Senado, los sacerdotes, los magistrados, las vírgenes vestales, etc, de camino al sacrificio que honrara la paz y a sus dioses Jano y Pax. Al primero se le ofrece un carnero, al segundo dos bueyes.
Su solución plástica trata en primer lugar de rellenar obsesivamente todo el espacio, pero con una técnica narrativa, clara, de técnica precisa y nítido realismo, donde el nivel del relieve marca la perspectiva. Así las figuras del primer plano se representan el alto relieve mientras que las de segundo y tercer plano se realizan en medio y bajo relieve. Las actitudes de los personajes varían entre sí, lo que otorga ritmo compositivo y movilidad a la composición, a pesar del número de personajes. Se pierde así el sentido procesional griego, pero se gana en ritmo y plasticidad.
En cualquier caso, la representación es sumamente elegante. No sólo se respeta minuciosamente el protocolo familiar y político de la procesión, sino que toda ella discurre pausada y ordenadamente. Con sus togas majestuosas y sus poses sosegadas. Y aunque está clara su influencia fidiaca de las Panatheneas, lo cierto es que aquí es diferente la composición, la técnica, el ritmo del relieve y la individualidad de los personajes.


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